Argumentos a favor de la supervivencia del euro

Cinco años después del colapso de Lehman Brothers, y tras haber sobrevivido a una serie de crisis de deuda soberana, el euro sigue siendo la moneda única de la Unión Económica y Monetaria (UME).

Dado el tenue crecimiento económico, las altas tasas de desempleo, el inmenso endeudamiento y la debilidad de las finanzas públicas, es demasiado fácil para analistas y economistas decir que el euro no durará indefinidamente. No obstante, a punto de cumplirse el quinto aniversario del colapso de Lehman Brothers, después de haber sobrevivido a una serie de crisis de deuda soberana, el euro sigue siendo la moneda única de la Unión Económica y Monetaria (UME).

Para obtener una explicación correspondiente a los términos que aparecen en negrita en este artículo remítase al glosario.

Son muchos los que están convencidos de que una unión monetaria es insostenible si no existe una unión fiscal adecuada y plena, y que la devaluación interna mediante el recorte de los salarios reales sería demasiado dolorosa para países como Irlanda y Grecia. No obstante, debemos reconocer que los miembros de la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) han gestionado de forma extraordinaria los síntomas de la crisis a corto plazo. Aún así, todavía persisten importantes retos a largo plazo y quizás el actual sea un buen momento para planearse si la unión monetaria más ambiciosa de la historia tiene la suficiente resistencia después de todo.


La zona euro se encuentra en la antesala de la recuperación y
existen señales de convergencia entre sus miembros

Indicadores avanzados como el Índice de Gestión de Compras (Purchasing Managers’ Index - PMI) y la producción industrial apuntan a una recuperación gradual del crecimiento. La confianza de los consumidores está cobrando fuerza, al tiempo que las cifras de desempleo comienzan a mejorar también en algunos países. Pese a que Europa sigue enfrentándose a importantes dificultades para el crecimiento, puede que lo que estemos presenciando sean unos indicios tempranos de que las importantes reformas estructurales realizadas en los países periféricos de Europa comienzan a dar resultado. Cabe destacar que los costes laborales unitarios —que aumentaron con demasiada rapidez durante los años del boom en los países periféricos de Europa y provocaron una importante pérdida de competitividad en comparación con Alemania— comienzan a mostrar signos de convergencia.


Alemania es la China de Europa

En contraste con los países del sur de Europa e Irlanda, Alemania ha experimentado un boom económico. Sus tasas de desempleo e inflación son bajas, las exportaciones se mantienen fuertes y el consumo, dinámico. Uno de los principales motivos por los que Alemania ha tenido un comportamiento tan bueno durante el período de agitación se debe a que su competitividad exterior no se ha visto contrarrestada por la subida de su divisa.

Alemania está siendo la China de Europa; el enormemente infravalorado tipo de cambio está generando el mayor excedente comercial del mundo, que en su inmensa mayoría tiene su origen en el comercio con otros miembros de la zona euro. Alemania ha sido la gran beneficiada por la moneda común. Un impago (default) devastaría su sistema bancario y su industria exportadora, por lo que es muy difícil encontrar un motivo por el que podría abandonar el euro.


La alternativa para el sur de Europa e Irlanda es demasiado dolorosa

Países como Grecia e Irlanda no han sufrido una recesión, sino una depresión. Esto se debe a que la moneda única ha privado a estas naciones de la capacidad para ganar competitividad mediante la devaluación monetaria o la política monetaria. Únicamente queda una vía para recuperar la competitividad: la dolorosa austeridad, incluida la devaluación interna mediante la reducción salarial.

Así que, ¿por qué ninguno de los miembros abandona la unión? El argumento más sólido que se ha planteado es que los costes de salir de la Unión Económica y Monetaria (UME) serían demasiado dolorosos en comparación con los beneficios. Fugas de capitales, aumento desmedido de la inflación, quiebra a escala nacional, desempleo masivo y conflictividad social no hacen de esta una opción especialmente seductora. Conservar el euro es la opción menos mala para los países deudores.


El Banco Central Europeo hará «lo que sea necesario»

El pasado mes de julio Mario Draghi, presidente del BCE, prometió «hacer lo que sea necesario» para salvar el euro. Convenció a los mercados de que el BCE contaba con potencia ilimitada para respaldar a sus miembros más débiles y las rentabilidades sobre los bonos soberanos de los países periféricos de Europa se redujeron con respecto a los niveles peligrosamente altos que habían provocado que la financiación fuese insostenible a largo plazo. Es justo decir que el mercado sigue creyendo a Draghi y en la actualidad valora los riesgos más adecuadamente. Dado que el BCE está dando sus primeros pasos en forward guidance (comunicación de su estrategia a futuro), puede que no tardemos mucho en ver cómo se adoptan medidas de política monetaria poco convencionales.


No debe infravalorarse la voluntad política de mantener intacta la zona euro

Europa sigue siendo una gran preocupación para muchos. Una unión monetaria exitosa no solo requiere integración política, sino también económica. Los políticos europeos deben aceptar que existen límites mayores sobre su autonomía política, lo cual será difícil de conseguir. Lo que es aún más preocupante, la combinación de austeridad y elevadas tasas de desempleo normalmente se cobra un precio a costa de los políticos y genera conflictividad social.

No obstante, pese a las numerosas dificultades, ningún país se ha salido de la UEM —de hecho, aún se espera la incorporación de nuevos miembros. Además, Europa sigue estando abierta al comercio, al tiempo que continúan aplicándose las políticas de la UE. Dado el historial que han demostrado la UE y el BCE, puede que el euro sobreviva mucho más de lo que esperan actualmente algunos analistas económicos.


Anthony Doyle, Director de Inversiones