Crisis del coronavirus: navegando una tormenta perfecta en los mercados

23/03/2020

Nos hallamos en tiempos inquietantes para los inversores. Además de la preocupación generada por la propia pandemia, las bolsas globales han sufrido caídas dramáticas a medida que el virus se ha propagado por todo el mundo.

Pese a la actuación concertada de bancos centrales (que han recortado los tipos de interés hasta mínimos históricos y se proponen inyectar liquidez) y gobiernos (que han prometido un enorme gasto para apuntalar a la economía), el miedo sigue afectando a los mercados.

Los temores de un colapso del consumo y la producción están sumiendo a la economía en una recesión (contracción), y muchos inversores desean reducir su exposición al futuro. Casi todos los activos han sido objeto de ventas generalizadas en mayor o menor medida, sobre todo las acciones y los bonos corporativos.

En lugar de comprar deuda soberana (al menos en la medida en que cabría esperar), los inversores se han volcado en la liquidez —sobre todo en dólares estadounidenses— como reserva segura de riqueza. Esto ha creado una especie de «tormenta perfecta» para los enfoques de inversión diversificados. Incluso la demanda de oro, otro refugio tradicional, apenas se ha movido durante el desplome de la renta variable.

Como inversores tratando de navegar en este temporal, debemos preguntarnos hasta qué punto los mercados están respondiendo a los hechos o al pánico. Nuestra experiencia es que cuando las emociones dictan los precios de los activos, surgen oportunidades para quien mantiene una perspectiva racional y a largo plazo.

Proceder con cautela

Muchos activos globales parecen sin duda baratos según medidas tradicionales, pero es difícil confiar en ellas ante beneficios corporativos tan inciertos. De hecho, la incapacidad de los inversores para asignar valor con confianza es uno de los motores de las fluctuaciones que hemos visto en los mercados.

Sin embargo, esto no significa que muchos activos no ofrezcan valor. Además de su naturaleza indiscriminada, la escala de la caída bursátil de mediados de febrero a mediados de marzo me sugiere que la evolución de los precios no obedece solamente a los fundamentales, sino también al pánico.

Hasta que no veamos señales claras de que el valor «pica» (que ha alcanzado niveles de resistencia en lugar de seguir bajando de forma sostenida), operaremos con cautela en áreas del mercado con valoraciones atractivas en lugar de volcarnos del todo en ellas.

Está claro que nos esperan meses complicados: el sentimiento negativo podría seguir pesando sobre los precios de los activos, e incluso provocar caídas en el corto plazo. Al no poder estar seguros, deberíamos proceder con cautela ante activos cuyo precio parece desconectado de su valor razonable.

Luz al final del túnel

Con la mirada puesta más allá de los próximos meses, creo que existen razones para el optimismo. El 18 de marzo, China confirmó que no tenía nuevos casos por primera vez desde el brote de coronavirus en el país, algo claramente alentador.

Pienso que una vez termine esta crisis sanitaria y la incidencia de COVID-19 comience a frenarse, los fundamentales volverán a un primer plano en todo el mundo. El mercado ha ignorado en su mayor parte el efecto que podrían tener los menores tipos de interés y el mayor gasto gubernamental sobre el crecimiento económico una vez remita la crisis.

Un aspecto crucial es que la recesión en la que entramos no es como la crisis financiera global de 2008, que se debió a la asignación errónea del capital en el sistema financiero. Esta vez, a comienzos de 2020, nos enfrentamos a una recesión provocada por un virus y que no refleja ningún desequilibrio fundamental de la economía mundial.

La psicología de los mercados podría seguir prevaleciendo durante esta crisis sanitaria, pero confío en que presentará oportunidades a corto plazo para los inversores activos dispuestos a navegar contra la corriente.

Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. No puede garantizarse que el fondo alcance su objetivo, y es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. No podemos ofrecerle asesoramiento financiero. Si no está seguro de que su inversión sea apropiada, consúltelo con su asesor financiero.

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