Después de la crisis: ¿qué le espera a la renta fija global?

17/04/2020

Ahora que la oleada de ventas de marzo ha provocado fuertes caídas en la mayoría de los activos de inversión, ¿ha llegado acaso el momento de adoptar una perspectiva a largo plazo más optimista?

Le remitimos al glosario para una explicación de los términos de inversión empleados en este artículo.

Estamos siendo testigos de la mayor conmoción súbita de la demanda en la historia de la economía.

La implementación de medidas de confinamiento en la mayor parte del mundo desarrollado para combatir la pandemia de coronavirus ha provocado una caída casi absoluta del gasto de consumo discrecional. Muchas compañías han visto caer sus ingresos a cero, y lo mismo les ocurrirá a millones de trabajadores. Todo apunta a que el segundo trimestre de 2020 será el peor de la historia en términos de crecimiento económico.

Dicho esto, existen señales alentadoras (sobre todo de China y Singapur, donde las medidas de aislamiento ya se están retirando), y el desarrollo de pruebas y vacunas contra el virus también es motivo de esperanza.

En este contexto, y ahora que la oleada de ventas de marzo ha provocado fuertes caídas en la mayoría de los activos de inversión, ¿ha llegado acaso el momento de adoptar una perspectiva a largo plazo más optimista?

¿Está pecando el mercado de pesimismo?

Por supuesto, los últimos dos meses han dejado al mundo perplejo. Sin poder saber hasta qué punto van a empeorar los efectos del coronavirus, la aversión en masa al riesgo de inversión —reflejada en las recientes caídas de las acciones y bonos corporativos— es quizá comprensible. No obstante, los temores de los inversores pueden ser exagerados, y los activos pueden estar sobrevendidos.

Está claro que este año habrá un aumento del número de empresas que incumplan su deuda, lo cual perjudicará a los bonistas, pero ¿será dicho número varias veces superior a los niveles históricos? A juzgar por los precios en el mercado de deuda corporativa, las expectativas de los inversores son así de pesimistas.

Pero ahora que el descenso de las cotizaciones del crédito ha elevado las TIR —su renta anual proyectada como proporción de su precio— hasta niveles que en muchos casos no se veían desde la crisis financiera global, creo que existen motivos para el optimismo a medio plazo.

Como respuesta al reto actual, bancos centrales como la Reserva Federal estadounidense, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra se han comprometido a comprar bonos corporativos en el marco de sus programas de expansión cuantitativa (QE). Con ello esperan respaldar a las compañías, animar la inversión en otras áreas de la economía, y apuntalar de este modo el crecimiento económico.

Junto a este apoyo de las autoridades monetarias, los gobiernos también intentan dar impulso con sus políticas. Mi expectativa es que la ayuda financiera a los hogares y empresas, así como el gasto adicional en sanidad y otras áreas, será muy favorable para el crecimiento económico —y corporativo— una vez las sociedades vuelvan a abrirse.

¿Van a subir las TIR de la deuda soberana?

Para sufragar este impulso fiscal, los gobiernos van a tener que tomar prestadas grandes sumas de dinero. En igualdad de circunstancias, anticipamos que una mayor oferta de bonos soberanos arrastrará a la baja a sus precios, y elevará con ello sus TIR a lo largo del tiempo.

No obstante, existen fuerzas poderosas que han estado arrastrando a la baja las TIR en el largo plazo. Las megatendencias demográficas, de globalización y de baja inflación han contribuido al descenso de las TIR en las últimas tres décadas, y las compras realizadas por los bancos centrales a través de su QE han tenido un efecto supresor adicional.

La reciente demanda de deuda de mercados desarrollados por parte de los inversores —sobre todo de gobiernos como Alemania y Estados Unidos— ha empujado sus TIR hasta nuevos mínimos históricos, y en muchos casos las ha adentrado en territorio negativo.

Esta demanda a corto plazo, impulsada por el estatus de «activos refugio» que tienen estos títulos durante periodos turbulentos debido a la baja probabilidad de incumplimiento de sus emisores, podría disiparse cuando la economía se reabra. A largo plazo, sin embargo, es poco probable que las tendencias estructurales mencionadas desaparezcan, lo cual apunta a que las TIR de la deuda soberana de países core permanecerán bajas.

De este modo, y pese a los indicios de que las TIR de estos bonos no deberían bajar mucho más, no anticipo que vayan a subir de forma dramática. Los inversores deberían cuidarse de apostar en su contra.

Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras.

El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. No puede garantizarse que el fondo alcance su objetivo, y es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. No podemos ofrecerle asesoramiento financiero. Si no está seguro de que su inversión sea apropiada, consúltelo con su asesor financiero.

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