COVID-19: Implicaciones para el sector financiero

10/07/2020

Esta entrada es la cuarta entrega de una serie de piezas que forman parte de un artículo más extenso, cuyo tema central aborda el vínculo entre el crecimiento de la población, el desarrollo sostenible y el consumo en el marco del cambio climático y la aparición de la COVID-19.
Lee AQUÍ la pieza anterior.

por Anita McBain, Directora de inversión responsable y ESG de M&G Investments

Le remitimos al glosario para una explicación de los términos de inversión empleados en este artículo.

¿Qué significa todo esto para los inversores?

Las gestoras activas intentan interactuar con los equipos directivos de las compañías para asegurarse de que estos han entendido los riesgos y oportunidades que plantean un clima cambiante, la escasez de recursos y los fenómenos meteorológicos extremos para sus negocios. Tras la pandemia de COVID-19, las gestoras exigirán cada vez más a las compañías en las que invierten que revelen hasta qué punto son conscientes de cómo la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas y las pandemias pueden perjudicar a sus negocios y, cuando proceda, que demuestren qué medidas toman para mitigar el riesgo. El devastador efecto que está teniendo la pandemia actual en las cadenas de suministro complejas y en la capacidad de las compañías para funcionar con restricciones de plantilla ha cambiado rápidamente el terreno de juego en apenas unos meses.

Entender cómo se posicionan las empresas para afrontar los trastornos inmediatos de dichas cadenas y una súbita pérdida de confianza de los consumidores obligará a los inversores responsables a replantearse cómo evalúan a las empresas en las que invierten a través del prisma medioambiental, social y de gobierno corporativo (ESG). A la luz de la situación actual, es indudable que se prestará una gran atención a los procedimientos de recuperación ante desastres a medida que salgamos de esta crisis. Algunas compañías se están perfilando como ganadoras debido a su dinamismo, agilidad, innovación y capacidad de adaptación, credenciales que los inversores responsables buscarán de forma creciente a medida que ellos mismos también evolucionan ante la crisis.

Además, estamos siendo testigos de colaboraciones corporativas como respuesta al brote: compañías sanitarias que combinan fuerzas para evaluar y producir tratamientos para combatir la COVID-19, fabricantes adaptando maquinaria y sistemas tecnológicos para producir equipamiento (incluidos los tan necesarios respiradores médicos), productores textiles que analizan su capacidad para pasar a producir mascarillas quirúrgicas y otras prendas de protección para los trabajadores sanitarios, y empresas de bienes de consumo que cambian de rumbo y redirigen sus esfuerzos a la producción de geles desinfectantes. En momentos de tensión económica, cuando la salud y el bienestar corren peligro, la voluntad de las compañías para adaptarse, colaborar y ofrecer soluciones accesibles demuestra una agilidad y una receptividad muy solicitadas ante los nuevos retos.

El sector financiero, un componente vital para el buen funcionamiento de la economía, también tiene un papel que desempeñar: el de dirigir los flujos de capital hacia empresas que invierten en soluciones para impedir futuros brotes. Las gestoras activas tienen varias herramientas a su disposición a la hora de interactuar con las compañías en las que invierten, y hoy en día tienen un cometido más vital si cabe: identificar a aquellas compañías capaces de demostrar la sagacidad necesaria para reconocer el impacto y la probabilidad de los riesgos globales (tal y como identifica el WEF), y actuar en consonancia.

Es cada vez más importante que el análisis de inversión identifique los riesgos sustanciales relacionados con el cambio climático, la degradación de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad. Abordar las enfermedades transmisibles, respaldar la producción y el consumo sostenibles y mantener la fortaleza de los ecosistemas para ganar capacidad de adaptación al cambio climático... todo ello tendrá un impacto en la rentabilidad financiera a más largo plazo.

Si quieren prosperar, las gestoras también deberán demostrar que han comprendido el vínculo inextricable entre la salud humana, animal y de los ecosistemas, y asegurarse de que su interacción con las empresas es más profunda y exploratoria que nunca.

El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. No puede garantizarse que el fondo alcance su objetivo, y es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

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