Invertir en la igualdad de oportunidades

03/02/2020

Hace más de dos siglos, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, Benjamin Franklin, dijo que «una inversión en conocimiento paga el mejor interés». Aunque pueda sonar a eslogan fácil hoy en día, esta frase célebre tiene mérito para todo inversor que desee contribuir a la sociedad global del siglo XXI.

Le remitimos al glosario para una explicación de los términos de inversión empleados en este artículo.

Junto a la salud, la educación es uno de los grandes pilares del capital humano. Al fin y al cabo, cuanto más sanos y formados estemos, mayor será nuestra productividad. Las oportunidades que tengamos a nuestra disposición para aprender de forma efectiva determinan en gran medida nuestras perspectivas, y un mal acceso a la educación impide a millones de personas —si no a miles de millones—romper el círculo vicioso de la pobreza.

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Abordar desigualdades como esta es precisamente lo que se proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, que codifican los problemas medioambientales y sociales más acuciantes del mundo y representan un llamamiento universal a la acción. Para cumplir estos objetivos ambiciosos de cara a 2030, se ha estimado que deberán gastarse unos 3,9 billones de dólares al año , y los gobiernos no podrán asumir este gasto ellos solos. 

Los inversores jugarán un papel crucial a este respecto, incluido el logro de un mayor acceso a educación de calidad. Aunque la enseñanza básica sigue correspondiendo —como debe ser— al estado, la educación superior y la formación permanente suelen ser impartidas por el sector privado, sobre todo en economías en vías de desarrollo, cuyas necesidades son presumiblemente mayores.

Allí donde las compañías pueden cubrir lagunas y desarrollar adecuadamente las capacidades que permiten florecer a las personas, con independencia de su ubicación y de sus antecedentes, creo que las empresas y sus inversores pueden tener un impacto duradero y de largo alcance.

Eliminar barreras de entrada

Pocos países son tan conocidos por sus enormes recursos naturales como Brasil, pero sus amplios recursos humanos suelen pasarse por alto. El acceso desigual a una educación de alta calidad significa que el potencial humano y económico de más de 200 millones de personas podría verse desaprovechado.

Según el Índice de Progreso Social 2019 , que trata de medir la calidad de vida real con independencia de los indicadores económicos, la mayor economía de Latinoamérica ocupa el 14º puesto a nivel mundial por la calidad de sus universidades; sin embargo, ocupa el 136º puesto (de un total de 149) en términos de igualdad de acceso a una educación de calidad.

En definitiva, Brasil tiene algunas universidades públicas de talla mundial, pero dominadas por una élite acomodada cuyos hijos, que han gozado de educación privada, están mejor colocados para imponerse en la feroz competencia por un número de plazas limitado. 

Una compañía que trata de satisfacer la necesidad de una educación privada efectiva y asequible es Cogna Educação. Previamente conocida como Kroton, opera en todos los segmentos educativos y tiene campus de estudios superiores en más de 100 ciudades brasileñas. Asimismo, ofrece aprendizaje online, brindando de este modo acceso a educación superior a estudiantes que viven en áreas rurales. Además de eliminar barreras geográficas a la educación, Cogna reduce barreras financieras proporcionando préstamos asequibles y financiación a estudiantes con menores recursos.

Al ampliar el acceso a la educación superior, creo que Cogna tiene un impacto social positivo, claro e intencional en línea con el ODS 4: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

Contribuir a un impacto duradero

Medir el impacto de las inversiones en capital humano puede ser difícil, pero superar este reto es crucial para los inversores en impacto. De hecho, la «mensurabilidad» es un diferenciador clave entre el impacto y otras formas de inversión responsable.

Identificar indicadores de impacto clave nos permite medir el avance de una compañía hacia el logro de un ODS. Además de medidas cuantitativas —como el número de estudiantes matriculados y la proporción de ellos con préstamos en el caso de un proveedor educativo— existen indicadores de la calidad de los resultados, como por ejemplo el análisis de ingresos de licenciados y las tasas de empleo.

Cuando las compañías son capaces de procurar mejores capacidades y conocimientos de forma efectiva y ampliar el acceso a las oportunidades que propicia la formación complementaria, pueden potenciar el florecimiento de las personas y sus comunidades.

Dada su contribución a la creación de reglas de juego uniformes, creo que los inversores en estas empresas pueden aspirar a tener un impacto positivo y duradero en la sociedad global, además de perseguir rentabilidades financieras sostenibles en el largo plazo.

Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión. El valor y los ingresos de los activos del fondo podrían tanto aumentar como disminuir, lo cual provocará que el valor de su inversión se reduzca o se incremente. No puede garantizarse que el fondo alcance su objetivo, y es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente.

Ben Constable-Maxwell, Director de Inversión Sostenible y de Impacto en M&G Investments.

Esta información no constituye una oferta ni un ofrecimiento para la adquisición de acciones de inversión en cualquiera de los fondos de M&G. Promoción financiera publicada por M&G International Investments S.A. Domicilio social: 16, boulevard Royal, L-2449, Luxembourg.