La importancia de los dividendos

20/02/2019

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«¿Sabe usted qué es lo único que me da placer? Es ver llegar los dividendos de mis inversiones», decía el magnate estadounidense John D. Rockefeller. El principio de invertir en acciones que reparten dividendos de forma consistente hizo a Rockefeller inmensamente rico hace más de un siglo, y la estrategia de inversión que lo convirtió en el primer milmillonario del mundo es tan relevante hoy en día como lo fue en el siglo XIX.

En nuestra opinión, los dividendos son la señal por excelencia de la disciplina financiera de una compañía y de su compromiso con la creación de valor para el accionista. También estamos convencidos de que una política de reparto de dividendos crecientes ayuda a una compañía a mejorar: al fin y al cabo, para soportar un flujo de dividendos creciente, una compañía debe hacer crecer su negocio de forma disciplinada.

Crecer de forma rentable no es fácil en la práctica, y a lo largo de la historia se han malgastado miles de millones de dólares en busca de ambiciones poco realistas. El reparto creciente de dividendos regula la cantidad de efectivo que puede reinvertirse en la compañía, y por lo tanto asegura que solamente se seleccionan los proyectos más rentables. En otras palabras, la escasez de capital creada por el pago de dividendos impide a los equipos directivos malgastar el dinero de los accionistas.
Las compañías que han adoptado este enfoque de asignación del capital han visto recompensada su disciplina financiera a través de la revalorización de sus acciones. Así, los dividendos y las cotizaciones –los dos componentes de la rentabilidad total de un inversor– van de la mano. Estamos plenamente convencidos de que un flujo de dividendos creciente, comprado a un precio razonable, impulsa la cotización de una compañía al alza. De este modo, la combinación de renta y de capital crecientes conduce a unas rentabilidades totales excelentes en el largo plazo.

El poder de la inversión en acciones con dividendo está respaldado por datos empíricos. En los Estados Unidos existe un selecto grupo de compañías conocidas como «dividend achievers», que llevan más de 25 años consecutivos elevando su dividendo anual. El índice S&P 500, que representa las 500 mayores compañías cotizadas en la bolsa estadounidense, ha experimentado una rentabilidad del capital media del 7,5% anual en dólares (es decir, considerando solamente su revalorización) y una rentabilidad total del 9,7% anual (teniendo también en cuenta la renta aportada por las acciones que lo componen). Los dividend achievers han superado la rentabilidad total del S&P 500 ya solo con su rentabilidad del capital, y el dividendo repartido por este conjunto de compañías ha elevado su rentabilidad total al 14,3% por año.

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Las rentabilidades pasadas no son una indicación de rentabilidades futuras.

El efecto de la capitalización compuesta de estas rentabilidades superiores a lo largo del tiempo no debería subestimarse: una inversión de 1000 USD en el S&P 500 realizada hace 25 años tendría un valor cercano a los 10.000 USD a día de hoy; una inversión equivalente en los dividend achievers habría crecido hasta casi 30.000 USD.

El mercado estadounidense tiene uno de los historiales de dividendo más largos, pero pueden encontrarse compañías con dividendos crecientes en otras regiones del mundo, desde los mercados desarrollados de Europa y Japón hasta otras partes de Asia y del universo emergente.
La inversión en dividendos suele asociarse con rentas elevadas, pero es importante distinguir claramente entre el crecimiento del dividendo y la rentabilidad por dividendo (que expresa el dividendo como porcentaje del precio de la acción). Una renta elevada no es automáticamente una señal de valor; de hecho, suele ser indicio de una compañía en apuros o con potencial de crecimiento limitado. La crisis financiera global proporcionó un excelente ejemplo: las rentas altas supusieron una clara señal de alarma.

En cambio, nosotros nos concentramos en el crecimiento del dividendo debido a su influencia favorable en dos frentes diferenciados: el efecto positivo en la disciplina de capital de una empresa y el impulso que proporciona a las cotizaciones de estas compañías. Creemos que la combinación de estas ventajas convierte a la inversión en dividendos crecientes en una estrategia ganadora para inversores con horizontes a largo plazo.

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El valor de las inversiones y los ingresos derivados de las mismas aumentarán y disminuirán. Esto provocará que el precio del fondo, así como cualquier ingreso que pague, sufra caídas y aumentos. No puede garantizarse que el fondo alcance su objetivo, y puede que no recupere la cantidad invertida en un principio.

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