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COVID-19: El vínculo inextricable entre la salud humana, animal y de los ecosistemas

01/07/2020

Esta entrada es la primera entrega de una serie de piezas que forman parte de un artículo más extenso, cuyo tema central aborda el vínculo entre el crecimiento de la población, el desarrollo sostenible y el consumo en el marco del cambio climático y la aparición de la COVID-19.

por Anita McBain, Directora de inversión responsable y ESG de M&G Investments

Le remitimos al glosario para una explicación de los términos de inversión empleados en este artículo.

A medida que el nuevo coronavirus continúa propagándose por el mundo e intentamos adaptarnos y gestionar el riesgo, mitigar su impacto económico y seguir los consejos de los científicos, quedan preguntas por responder. En este artículo nos planteamos si existe un vínculo entre el crecimiento de la población, la escasez de recursos, la producción insostenible y las pautas de consumo, la deforestación, el cambio climático y la aparición de enfermedades transmisibles*.

Como inversores activos, nos corresponde dirigir los flujos de capital hacia compañías capaces de demostrar resiliencia y ofrecer soluciones a largo plazo. Como inversores responsables, está en nuestra mano animar a las compañías en las que invertimos a que desarrollen modelos de consumo y producción escalables y sostenibles de cara al futuro.

Los científicos llevan años advirtiéndonos del «salto» de virus de animales a humanos, y en la actualidad nos enfrentamos a las consecuencias del vínculo inextricable entre la salud humana, animal y de los ecosistemas[1]. La propagación del COVID-19 ha trastornado vidas, medios de subsistencia, comunidades y empresas en todo el mundo. Esto ha desestabilizado los mercados financieros globales a una velocidad inédita y alarmante, y ha puesto al límite los sistemas sanitarios y las economías. A medida que la crisis se intensifica y nos damos cada vez más cuenta de su gravedad, los gobiernos y bancos centrales se apresuran a implementar paquetes de estímulo monetario y fiscal para aliviar el impacto adverso y duradero en la economía global. En las últimas semanas, países de todo el mundo han pasado de la indiferencia a declarar el estado de alarma. Es ante este telón de fondo que nos proponemos unir los puntos.

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La aparición del brote: ¿Cómo pueden prosperar las enfermedades transmisibles?

Las enfermedades transmisibles las causan virus y bacterias que pasan de un individuo a otro a través de diversos medios, pero sobre todo mediante el contacto con superficies contaminadas o fluidos corporales. Las enfermedades zoonóticas, o zoonosis, se pueden transmitir de animales a personas (o viceversa) y son más comunes en los primeros, pero también pueden infectar al ser humano. Estos virus residen cómodamente en sus «huéspedes reservorios», pero cuando se les perturba, pueden saltar del huésped animal —a veces mediante un «huésped amplificador» intermedio— a los abundantes huéspedes humanos. Desde la década de los cuarenta, cientos de microbios patógenos se han extendido por el mundo, ya sea apareciendo por primera vez o reapareciendo en lugares donde jamás se habían visto. Algunos provienen de animales de compañía y del ganado, pero la mayor parte (más de dos tercios) se han originado en animales salvajes[2].

En 2017, años después de empezar a investigar la epidemia del SARS (síndrome respiratorio agudo grave, por sus siglas inglesas) que afectó a China en 2002, un equipo de epidemiólogos descubrió los orígenes de la enfermedad en una cueva de la provincia de Yunnan atestada de distintas especies de murciélagos de herradura[3]. Los investigadores descubrieron el genoma de varios coronavirus distintos, y en estos códigos genéticos, los elementos básicos que componen el virus en los murciélagos. Aún no se sabe a ciencia cierta cómo el virus «saltó» de los murciélagos al ser humano, pero los investigadores creen que la civeta —un animal salvaje parecido a un gato que se considera un manjar en algunas partes de China— hizo de intermediario o «huésped amplificador» y propagó el virus a un gran número de huéspedes humanos. La mayoría de los microbios viven de manera inocua en animales, pero, cuando se dan «saltos» con una cierta frecuencia, los microbios animales se adaptan a nuestro cuerpo y evolucionan, convirtiéndose en patógenos humanos.

Obviamente, el consumo de animales salvajes no es la única manera en que las enfermedades se propagan de los animales a las personas, ni los virus respiratorios (como el nuevo coronavirus) son las únicas enfermedades que deberían preocuparnos. Miles de millones de personas, en especial las que viven en la pobreza, carecen de una higiene adecuada y se hallan en contacto directo con vectores infecciosos, como mosquitos y animales domésticos.

Además, el tráfico ilegal de animales salvajes conlleva la proximidad de distintas especies que rara vez (por no decir nunca) se ven juntas en la naturaleza, lo cual permite a los microbios saltar de una a otra. Estas actividades ilícitas facilitan la mezcla inapropiada de especies y movimientos trasfronterizos sin certificados ni controles veterinarios. El otro gran problema, sutilmente distinto, es el sistema mundial de cría animal y de producción y distribución de alimentos, que se ha vinculado a microbios mortíferos como por ejemplo cepas de E. coli. Además, las toneladas de excrementos que produce el ganado propician más oportunidades aún de que los microbios animales salten a las poblaciones humanas.

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  • [1] Quammen, David (2012) Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic
  • [2] Shah, S. (febrero de 2020) Think Exotic Animals Are to Blame for the Coronavirus? Think Again. The Nation.
  • [3] Kahn, L. H. (2020). Coronavirus or antibiotic resistance: Our appetite for animals (wild and domestic) poses big disease risks.

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