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La crisis del coronavirus: manteniendo la calma frente al pánico actual

17/03/2020

Las fuertes caídas sufridas por los mercados de renta variable globales a comienzos de marzo de 2020 tienen pocos precedentes históricos.

El 12 de marzo, las cotizaciones de las acciones europeas y estadounidenses perdieron en torno a un 10%. El índice FTSE 100, que reúne a las acciones de las mayores empresas del Reino Unido, sufrió su mayor caída diaria desde 1987, del 11%.

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Todo apunta a que los efectos de la pandemia de COVID-19 en la sociedad van a ser graves, y el marcado trastorno que supone en nuestra vida cotidiana es una mera molestia comparado con la amenaza que representa para la vida de muchas personas. Su impacto en el sentimiento de mercado ha quedado patente en el desplome de las cotizaciones.

Conmociones bursátiles como esta nos recuerdan el riesgo inherente a la inversión en renta variable, que puede olvidarse fácilmente cuando reina la calma en los mercados o cuando suben los precios de las acciones.

El “autoaislamiento” del inversor podría ser costoso

El principio de la autocuarentena para reducir el riesgo de infección o de transmisión del virus es sin duda razonable. Pero por tentador que resulte tratar de aislarnos de los efectos del coronavirus en los mercados, liquidar posiciones con pérdidas podría ser, de lejos, la opción más arriesgada.

Existen buenas razones para no sucumbir al pánico y vender a toda costa cuando vemos caer el valor de nuestras acciones. La primera es el riesgo real de pérdida permanente.

Al vender sus inversiones cuando los mercados han caído, podría no solo cristalizar una pérdida, sino también dejar de participar en una eventual recuperación de los precios. Si opta por reinvertir en el futuro, acabará con un menor número de acciones que antes, con lo que habrá salido perdiendo.

Por supuesto, no podemos anticipar en qué medida el coronavirus va a desestabilizar la economía mundial y las fortunas de las empresas, pero ya se han evaporado billones de dólares de capitalización de mercado. Su efecto a corto plazo en el sentimiento de los inversores ha sido claro, pero ¿tendrá un impacto duradero tan grande en nuestra forma de vida?

Esta pregunta no tiene fácil respuesta, pero a no ser que considere que los precios de las acciones van a tardar años en recuperarse, no cabe concluir necesariamente que deba abandonar el mundo de la inversión.

¿Nos hallamos ante una oportunidad de compra?

Tal como reza el viejo dicho, «hay que comprar cuando otros venden». Esta afirmación quizá sea excesivamente general —es obvio que algunas empresas podrían ver truncado su futuro por el impacto de la pandemia—, pero el principio es válido.

Si usted invierte para su futuro con un planteamiento a largo plazo, ello debería verse reflejado en sus decisiones de inversión. Ahora que las cotizaciones de las acciones han caído tanto desde sus picos recientes, es justificable comprar en valoraciones deprimidas si está dispuesto a arriesgar su dinero.

No deberíamos basarnos en cómo se han comportado los mercados en el pasado para pronosticar cómo lo harán en el futuro. No obstante, sí cabe afirmar que las fluctuaciones de mercado pueden crear oportunidades a largo plazo para los inversores pacientes que pueden permitirse ignorar los altibajos a corto que acompañan a periodos de incertidumbre pronunciada.

¿Qué debería hacer?

Probablemente, como en cualquier otro ámbito, lo peor que uno puede hacer en momentos como este es caer presa del pánico, ya sea vendiendo o comprando.

Pese a lo incómodo que puede resultar en ocasiones, mantenerse fiel a su plan financiero a largo plazo le beneficiará en mayor medida que cambiar de rumbo. Recuerde que, a no ser que tenga previsto abandonar permanentemente el mercado de renta variable, volverá comprar nuevamente en el futuro, probablemente a un mayor precio. Es poco probable que el momento en que se sienta cómodo tomando tal decisión sea cuando los precios hayan caído en mayor medida, sino más bien cuando se hayan recuperado.

La reciente racha de volatilidad también es un recordatorio de que diversificar sus inversiones en distintos tipos de activos puede ayudarle a proteger su cartera. La deuda soberana de países core como el Reino Unido y Estados Unidos, por ejemplo, ha mostrado una evolución relativamente buena en los primeros meses de 2020.

Como siempre, los gestores de M&G no pierden de vista en ningún momento sus objetivos a largo plazo. Ignorando el ruido bursátil y concentrándose en los fundamentales, tratan de gestionar activamente el riesgo y aprovechar las oportunidades creadas por mercados volubles como el actual.

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